¿Se ha fijado en ese breve pasaje que está justo entre el remozado edificio de la Municipalidad de Los Ángeles y el Banco Santander?

Esta mañana el alcalde Esteban Krause hizo un especial reconocimiento a su persona, pero ¿quién realmente fue ella?

Isabel Robles de Jara fue una de las principales precursoras del quehacer social y cultural de Los Ángeles en la primera mitad del siglo pasado. Su esfuerzo no fue menor, más aún cuando esos no eran los tiempos más propicios para ese tipo de manifestaciones.

La mujer nació en 1879 en Mulchén, estudió en Concepción y se radicó en Los Ángeles. A los 22 años se casó con Alberto Jara con quien tuvo nueve hijos y vivieron por años en una casona ubicada justo en la esquina de las calles Colón con Caupolicán, donde ahora se encuentra el edificio municipal.
Además de las tareas del hogar, Isabel Robles fue una reconocida compositora e intérprete de piano, con reconocimiento incluso, a nivel nacional. Curiosamente, en la vivienda contigua (donde está ahora el Banco Santander, por Colón) vivía otra intérprete en piano: María Delia Contreras. Ambas organizaban tertulias musicales para un público absorto por las interpretaciones de piezas clásicas de ambas. A tanto llegó su fama que el abogado Raúl Garretón, en su Libro “Recuerdos de la Primera Mitad del Siglo XX”, las catalogó como “las casas de la música”.

Los contactos de Isabel Robles con el mundo de la música hicieron posible que Claudio Arrau se presentara en Los Ángeles. De hecho, el 10 de agosto de 1921, la comunidad local se volcó a ver al eximio pianista en sus dos recitales en el Salón Aranguren (después cine Imperio y ahora parte de la tienda Casa García).

Pero sus inquietudes no se fueron solo por el lado de la música y la cultura. También tuvo una destacada participación en la Cruz Roja, Cuerpo de Bomberos, Regimiento “Los Ángeles”, Conferencias de San Vicente de Paul, el Club Aéreo, entre otras.
En 1949, el propio municipio local la distinguió con el título de Madre Ilustre de la ciudad. 12 años más tarde (1961), el papa Juan XXIII le otorgaba una medalla en reconocimiento a su ayuda prestada en favor de la comunidad y a la Iglesia Católica.

En 1998, en el marco de la celebración de los 259 años de la fundación de Los Ángeles, el municipio decidió otorgarle un postrero homenaje: bautizó con su nombre el breve pasaje que está entre el edificio consistorial y el banco. En la ceremonia, que contó con la presencia de su descendencia familiar, el momento más emocionante se produjo cuando se escuchó un audio con su voz, seguido de una de sus interpretaciones en piano, tal cual como lo hiciera por décadas en ese mismo lugar.

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