Un exitoso desenvolvimiento ha tenido el grupo de trabajo de salud mental creado por el CESFAM Nororiente e integrado por usuarias y usuarios afectados por problemáticas de salud mental –principalmente distimia o depresión- que requieren atenciones continuas.

La iniciativa, conformada por pacientes del sector amarillo del establecimiento –en su mayoría, adultos mayores- partió en marzo de 2018 su labor, reuniéndose cada 15 días para abordar conjuntamente diferentes temáticas transversales o más particulares, estas últimas planteadas por los mismos participantes, detalló la psicóloga María Teresa Barrientos.

“Hay muchos que les toca ser cuidadores, por ejemplo, de sus propias parejas; otros que han tenido hijos con dificultad, que nacieron con ciertos problemas y ellos en esta etapa, obviamente, están complicados de qué van a hacer con estos hijos, porque estos hijos van a quedar solos, entre comillas; situaciones laborales, poder de adaptarse de la vida laboral a la vida no laboral, enfocarse en la familia”.

Otras dificultades expresadas en esta instancia apuntan al cambio cultural que implica el relacionarse actualmente como adultos mayores con hijos y nietos, en comparación a cómo era esto en el pasado; y el peso psicológico adicional que significa sobrellevar alguna enfermedad física crónica, algo habitual en esta edad.

En este contexto, la resiliencia, la identificación de emociones, el control emocional y la pirámide de necesidades, son conceptos fuertemente destacados como una manera de generar estrategias individuales y grupales que permitan mantener bajo control sus distintas condiciones de salud mental.

COSAS NECESARIAS
“Cuando me sentí superada, al escuchar por milésima vez ‘¿cómo puedes ser tan cachurera?’, miré a mis jueces con pena y rabia a la vez. Vi pasar mi vida en un instante a través de mi  memoria.

Con cuánta ilusión hice mi primera compra con el primer sueldo que recibí 40 años atrás. Una botella de cristal para el velador, para mi madre. Recordé cuando ella la miró con sus ojos nublados de lágrimas y me dijo con voz trémula: ‘¿Para qué anda gastando su dinero en mí?, tiene tantas necesidades propias que debe atender hija’.

‘Sí, mamita, pero es para ti que eres lo que más quiero y vendrán otras remuneraciones y otras oportunidades de comprar cosas que creo son necesarias’.

Me abrazó con fuerza y me sentí realmente grata con mi elección, que me impediría comprarme esa blusa que había estado mirando desde mucho tiempo.

En fin. Cuando ahorré por meses para comprarle la máquina eléctrica multipunto sabía que le daría una alegría a quien nada quería para sí y todo lo entregaba a su familia, silenciosamente”.

Fresia Robles, participante del taller de salud mental.